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Registrado: 29 Ago 2007, 10:01
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Mensaje sin leer Publicado: 09 Mar 2021, 21:41 
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Martes: día en que fuma el Ekeko y día bueno, también, para las artes de lo que algunos llaman “Magia”, así que lo aprovecho para dejarles este cuento, que sería una continuación de “Trabajo Fiero” (y, por ende, vemos nuevamente al Inspector Tarcaya) y donde reaparece Don Saturniano de la Cruz Choke, el “medico particular” de “El hombre que iba a Salitral”.

EL INSPECTOR TARCAYA Y EL”MEDICO PARTICULAR”.

Apenas levantado, Saturniano de la Cruz Choke leyó las hojas de coca para saber cómo iba a ser su día: le dijeron que recibiría un “paciente”.
La mañana era fría, pero un chorrito de “alcohol de tomar” agregado al mate con rica rica serviría para calentar su añoso cuerpo. Taza en mano, fue llevando dos sillas bajas hasta esa parte del patio donde siempre daba el Sol y se sentó a esperar.
Era cerca del mediodía cuando divisó la nube de tierra que levantaba un vehiculó dirigiéndose a Salitral: siendo sábado, no circulaba el personal de Vialidad, por lo que debía ser su visitante. El ahora visible auto gris fue disminuyendo la velocidad hasta detenerse cerca de la pastora que cuidaba sus llamas. “Respetuoso y buena persona, es: se baja a preguntar, no lo hace desde arriba y a los gritos”, se dijo cuando vio descender al hombre y dirigirse a la jovencita. Después de una corta charla, ella señaló hacia su rancho. El auto continuó hasta detenerse a unos cincuenta metros, donde un zanjón cortaba el acceso como si fuese el foso de un castillo medieval. El Inspector Tarcaya se fue acercando a pie, sin apuros, como evaluando el lugar y a su ocupante.
- Buenos días, Don Saturniano. Vengo a hacerle una consulta, pero antes le traje esto: el singani es de Camargo y la coca, según dijo mi vendedora, es de la buena.
- Gracias, amigo. Siéntase y vamos a coquiar un rato, así después me cuenta que le anda pasando.
Coquearon en silencio, colocando las hojas una a una en sus bocas. En un momento, el recién llegado comentó que todo se veía muy seco: “Casi siete meses de la última lluvia”, fue la lacónica respuesta.
- Bueno: dígame cuáles son sus males...
- Me han hecho un “trabajo” fiero, muy fiero, y quiero encontrar al responsable.
Las manos del curandero se introdujeron en la chuspa coquera y salieron con un buen puñado de hojas, las hizo soplar y las dejó caer sobre un tejido rojo que había colocado en el suelo: las caprichosas formas eran como un libro abierto y fácilmente legible para él.
- Como seguramente sabe, la lucha entre el Bien y el Mal existe (o entre Dios y el Diablo, la Luz y la Oscuridad, el Orden y el Caos, o como quiera llamarle): usted se ha cruzado en el camino de alguien malo, demasiado malo, y le ha arruinado sus planes, por eso se ha cagado de odio y le hizo el “trabajo”, pero no se moleste en buscarlo, que la Pacha se va a ocupar de hacer justicia: hay que dejar que Ella, en su sabiduría, se haga cargo de todo… Lo demás está bien en su Vida, aunque lo veo solo, muy solo.
- Gracias, Don Saturniano. ¿Cuánto le ando debiendo?
- Quédese tranquilo, amigo, que con los regalos estoy más que pagado.
Unos billetes pasaron del policía a Saturniano:
- Agregue esto, más, para algún vicio… y acá le dejo mi tarjeta, por si alguna vez me anda necesitando (aunque espero que no).
- Algo me dice que nos vamos a volver a encontrar… pero antes de irse: hagamos un salud.
El singani recién traído parecía cantar alegremente cuando llenaba los vasos.
- ¡Salud!
- ¡Salud!

El auto se fue alejando lentamente, se detuvo para que su ocupante saludara a la pastora y después fue aumentando velocidad y levantando cada vez más polvaredal. Se iluminó el rostro del viejo: “Si, sos una buena persona… y estarás solo en muchas cosas de tu Vida, pero en esto no estas solo, amigo, no estás solo.”
Con toda calma, fue reviviendo las brasas del fueguero. Las hojas de coca leídas, que continuaban sobre el tari rojo, recibieron una abundante lluvia de alcohol y fueron arrojadas al fuego mientras recitaba una antigua oración aymara que había nacido antes que los mismos aymaras: un humo acre y espeso ascendió de ellas, creando extrañas formas que envolvieron al “medico particular", que sonreía (“No, no estás solo en esto, amigo….”). Las llamas trajeron un grito inhumano: en una capital provincial, un oscuro curandero, autor del “trabajo fiero”, sentía un tremendo dolor en el pecho y caía con el corazón destrozado: “La Pacha se ha encargado”, dijo a sí mismo, antes de sentarse a recibir el último solcito de la tarde.

La Vida, inmutable, seguía su ciclo: el viento se había llevado el tierrerio del auto y el humo de las hojas de coca… Si no fuera por la mediada botella, los billetes y la tarjeta que había sobre la mesa, se hubiera dicho que el Inspector Tarcaya nunca estuvo ahí.



Un abrazo.

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Registrado: 30 Ene 2010, 11:09
Mensajes: 292
Ubicación: Santa Rosa - Uruguay
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Mensaje sin leer Publicado: 15 Mar 2021, 21:32 
Arriba  
Otra vez como tantas. Una y mil gracias Oscar. La saga de Tarcaya vuelve en su nueva temporada!!!!! Saludos

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"Nada debemos esperar sino de nosotros mismos"
José ARTIGAS.

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