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Mensaje sin leer Publicado: 27 Dic 2016, 21:44 
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REGRESO.

Mario Patagua estaba deshaciendo la Audi en ese camino olvidado, pero agradecía estar con el aire acondicionado al máximo y sin que entre una mísera mota del polvo que parecía invadir todo el espacio puneño.
(Cómo pueden seguir viviendo acá, en medio de esta nada, con este viento y esta tierra de mierda, con este sol, con esta miseria… ¡menos mal que me fui, menos mal que me fui!)
Había nacido por allí cerca, en un rancho de adobe, sobre unos cueros de llama que servían de colchón. Se había ido cuarenta años atrás a la ciudad, a buscar otra vida, cansado del lugar, de sus padres, de las llamas; de los carnavales donde todos terminaban machados, tirados en el suelo, abrazados a los perros; cansado del locro, del mote, de los guisos y las sopas. Dijo que nunca iba a regresar… pero estaba regresando.
(“Bella Vista”; parece joda ponerle ese nombre a un lugar donde no se ve nada más que Puna, Puna y Puna; ni un puto color tenía “Bella Vista”: luz que te ciega en el día y oscuridad en la noche; ¡y mis padres tan apegados a ese lugar de porquería: “esta es nuestra tierra hijo”; ¡que tierra ni tierra, si eso no valía ni lo que se paga por un paquete de cigarrillos, la puta que lo parió!).
Se detuvo frente a un cartel que decía “Salitral”. El óxido había comido casi toda la palabra y parte de la flecha que indicaba una senda hacia la izquierda (Hace mil años que por acá no pasa nadie). La pantalla del GPS era una mancha blanca con una desconcertada flechita azul apuntando a cualquier lado. Aceleró y se internó en la huella que apenas se destacaba del paisaje.
Le pareció irónico estar allí, siguiendo un lejano consejo de ese padre que tanto despreciara: “Si alguna vez andás jodido, tenés que verlo a Saturniano Choke en Salitral –le había dicho- que ese viejo hasta con la Muerte puede”. Y allí estaba: esperando que ese desconocido, perdido en medio de la nada, le salve la vida que no podían salvar los mejores médicos de la ciudad (Soy un pelotudo, pero no me queda otra).
Un pequeño morro comenzó a agrandarse y unos pequeños puntos marrones se destacaron. La senda moría allí (¿Esta mierda es Salitral? Una, dos… cuatro… seis ¡Seis casas tiene! ¡SEIS casas, no tiene ni siquiera una puta calle, y yo vengo como un pelotudo acá, a que me salven la vida….!) Siguió avanzando (¿Cuál mierda será la del viejo?). A su izquierda una mujer joven cuidaba una veintena de llamas. Se acercó apartándose de la senda, espantando llamas y alborotando perros. Frenó envolviendo a la mujer en una nube de polvo.
- Che: ¿por acá vive el viejo Choke?
- Buenas tardes, señor…
- Ando buscando a Choke, el curandero –insistió sin percatarse del saludo
- Sí, Don Choke, el medico particular vive aquí, en el pueblo: es la última casita contra el cerro.
Arrancó. El “hasta luego” de la mujer quedó perdido en el polvaredal que la envolvió. (¿pueblo? ¿a esto le llaman pueblo? ¡menos mal que me fui: si no, sería otro kolla bruto como estos!).
Frente a la casa, un hombre estaba sentado en una banqueta baja. A su lado había otra vacía. Se acercó todo lo que pudo con la camioneta, pero un zanjón le cortó el camino: tuvo que caminar cincuenta metros bajo el sol implacable (¡calor de mierda y la puta que lo parió!): empezó a extrañar el aire acondicionado y a sentir la menor oxigenación de la altura. El polvo, fino como harina, empezó a invadir sus mocasines italianos.
El viejo parecía tener casi cien años. Arruga sobre arruga era su rostro oscuro, curtido como el más duro de los cueros, pero sus ojos eran diáfanos y exhibía una sonrisa casi pícara. Estaba vestido con un traje marrón a la moda de los ´50s y tenía una camisa extrañamente blanca, considerando el lugar donde vivía.
- ¿Usted es Saturniano Choke?
- Buenas tardes. Si, Saturniano de la Cruz Choke. Pasá, sentate. Vos debés ser alguno de los Patagua ¿no?
- Eh…. Sí. ¿Cómo lo sabe?
- Por la cara, ja, ja, ja. Tenés la cara de los Patagua: falta que lo lleves escrito en la frente, ja, ja, ja… ¿De cuál de ellos sos hijo?
- (¡¿Dónde carajo está la gracia, viejo de mierda?!) De Segundino, de Bella Vista.
- Buen hombre, tu padre. ¡Muy buen hombre! ¿Y qué te trae por acá, porque no soy china churita pa’ que me andes visitando?
- Es que ando enfermo y…
- ¡Shhhhhhhhhh! ¡No digas nada: ya lo han di contar las hojas de coca!
Se levantó con agilidad propia de un treintañero y entró al ranchito. Enseguida salió con un tejido rojo en una mano y una chuspita de lana en la otra. Extendió el tejido frente a la banqueta y sacó un puñado de hojas de coca de la bolsita.
- Soplalas… ¡Otra vez, con ganas, hombre!
Las arrojó en el tejido.
- Mmmmmm…. Mmmmm… - levantó un par y las miró de cerca- Mmmmmm ¡Jodido estás, hombre! No se puede hacer nada por vos.
- ¿Qué quiere decir?
- - Que te has de morir, pué… y no anda faltando mucho: seis meses… un año, a lo más
- Pero, pero… ¡¿Cómo que no puede hacer nada?! ¡Me dijeron que usted podía contra la Muerte!
- Contra la Muerte, puedo. Contra la Pacha, no puedo… y a vos te está reclamando la Pacha.
El hombre de la ciudad lo miraba asombrado.
- Pero yo le pago: ¡Le pago lo que quiera! ¡Le pago más de lo que ha podido ganar en su puta vida!
- No es cuestión de plata: no puedo y no puedo… ¡que le vamos a hacer: así lo quiso la Pacha!
- ¿Pero no entiende? ¡¡¡YO PAGO!!!
- A la Pacha no le interesa tu plata: ni la tuya ni la de nadie. Para Ella somos todos iguales: vos, yo, las llamas que están pastando y el cóndor que vuela en el cerro. La Pacha se limpia el culo con la plata.
Mario Patagua se levantó de un salto, tirando la banqueta.
- Está bien, carajo. ¿Cuánto le debo?
- Nada. Yo no hice nada más que decirte que te vas a morir… y eso es algo que todos sabemos que nos va a pasar.
Una lluvia de billetes cayó sobre el tejido rojo.
- ¡Tome! Para que no diga que soy un desagradecido.
La camioneta se alejó, levantando una nube de polvo, nuevamente espantando llamas, nuevamente alborotando perros y despertando, esta vez, una mirada de conmiseración en la pastora.

Del viaje hasta Abra Pampa solo recodaba la luz rebotando en el eterno ocre del camino, imágenes distorsionadas por las lágrimas y la impotencia mordiéndole la garganta (¿Para esto me rompí el culo tantos años? ¿Para esto compré ministros, diputados y jueces? ¿Para esto cagué a todos los que pude cagar? ¿Para esto? ¿Para esto? ¿Para esto…?)
A la altura de Jujuy, la decisión ya estaba tomada. Viajó toda la noche, parando a tomar un café y comer un sándwich en una estación de servicio. Cuando estaba acercándose a Buenos Aires, llamó por teléfono a su secretaria.
- Marina, disculpe que la moleste, pero llame a los contadores y al abogado para reunión urgente hoy a las tres en mi oficina… Sí, ya sé que es domingo a la tarde, pero para eso les pago: para que estén cuando los necesito. Gracias, y, de paso, vaya usted también, por favor.

El tránsito lo demoró un poco más de lo previsto. Llegó sucio y cansado, sin afeitar y tomando un café en un vaso descartable.
- Disculpen que los haya llamado hoy, pero es urgente. No quiero entretenerlos: me estoy muriendo, así que todo me chupa un huevo. La fábrica se va a transformar en una cooperativa con los actuales empleados, manteniendo rangos y sueldos. La administración a cargo de los gerentes supervisados por un concejo con participación de los delegados gremiales y del estudio contable.
Sin importarle las miradas de asombro, tomó el último sorbo de café, que ya estaba casi frío.
- Mis propiedades y vehículos se venden y con eso se arma una fundación para ayudar a escuelas de la Puna. Llevará el nombre de mi padre: Segundino Patagua y será presidida por Marina, aquí presente. Para el miércoles quiero los borradores de los contratos y estatutos. Buenas tardes.
El domingo siguiente, con una mochila al hombro, Mario Patagua tomaba un micro con destino a cualquier lado en la Terminal de Retiro.

Cinco años después, una desvencijada F100 se detenía frente al cartel que indicaba el acceso a Salitral. Las letras habían sido, ahora sí, devoradas definitivamente por el óxido, pero el hombre no necesitó consultarlo (¿Estará vivo? La otra vez tenía un montonazo de años). Siguió la senda. Desde lejos, tocó bocina y saludó a la pastora sacando el brazo por la ventanilla. Se detuvo en el mismo lugar, frente al zanjón y contempló con alivio la figura sentada en la banqueta baja, con otra vacía al lado.
- Buen día, Don Choke – dijo extendiendo la mano
- Buen día, hijo. Sentate. ¿Qué te anda trayendo por acá de nuevo?
- Resulta que no me morí…
- Y si, pa’ ser almita estás medio gordito y además hoy no es primero de noviembre pa’ que vengas a visitarme.
- Usted lo sabía ¿no? Sabía que si yo vendía todo no me moría.
- Y, si: la coca te cuenta todo.
- ¿Y por qué no me lo dijo?
- Porque si yo te lo decía, lo ibas a hacer por sobrevivir y no ibas a cambiar. Tu enfermedad era el odio, la vergüenza, la ambición. El odio por la vida que te tocó al nacer; la vergüenza por tus padres y por el lugar donde naciste; la ambición por creer que la plata te iba a cambiar, te iba a hacer mejor y te iba a permitir comprar todo… Si te lo decía, te morías, porque todo eso iba a seguir adentro tuyo.
- Bueno: la cuestión es que acá estoy y le vine a pagar.
- Ya me pagaste la otra vez…
- Dije que vine a pagar y voy a pagar.
Abrió el maletín y sacó dos botellas.
- Una para compartir ahora y otra para que la guarde.
- ¡¡Singani de Camargo!! ¡Sí que cambiaste en serio, ja, ja, ja!
El viejo, tan ágil como siempre, fue al interior del rancho y volvió con dos vasos.

Bebieron lentamente mientras el sol se perdía detrás del Coyaguayma.
- Pienso recomponer el rancho y venirme para Bella Vista… Aunque usted ya lo sabe, ¿no?: la coca cuenta todo.
- Vos lo has dicho: la coca cuenta todo.
La pastora, como todos los días, retornaba con sus llamas al corral, acompañada por sus perros.

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Mensaje sin leer Publicado: 28 Dic 2016, 18:54 
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Amigo Waman, de veras existe gente asi? te iba a cuestionar.. . Después pensé y recordé esta anécdota: Pueblo del interior, estación de servicio. El playero está reparando una cubierta. Hay varios esperando. Llega un "forastero" con un sedan VW fabricado ese mismo año, estaciona junto al surtidor y baja. Pierde rápidamente la paciencia y con cara de "moño" pregunta:-¿¿No atiende nadie acá?? Cuando el playero lo nota, se acerca al vehículo y rápidamente le introduce la pistola de carga en la boca del tanque.... Ya había cargado 20 litros cuando el forastero se dio cuenta que le estaba metiendo nafta Super en lugar de Diesel!
Un poco de desprecio y un poco de cosecharás tu siembra, jaja!
Me gustó ese final felíz

Saludos

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Mensaje sin leer Publicado: 28 Dic 2016, 21:35 
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Que bueno Waman!!!!!!!!!!!! que buen relato, muchas gracias x compartirlo :grin:

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Mensaje sin leer Publicado: 28 Dic 2016, 22:04 
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amigo Oscar decir que es bueno su relato es quedarse corto, mas bien para una meditacion prolija en que estamos desperdiciando nuestras vidas. Gracias por compartirlo

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Mensaje sin leer Publicado: 29 Dic 2016, 09:12 
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German Grüner escribiste:
Amigo Waman, de veras existe gente asi? te iba a cuestionar.. . Después pensé y recordé esta anécdota: Pueblo del interior, estación de servicio. El playero está reparando una cubierta. Hay varios esperando. Llega un "forastero" con un sedan VW fabricado ese mismo año, estaciona junto al surtidor y baja. Pierde rápidamente la paciencia y con cara de "moño" pregunta:-¿¿No atiende nadie acá?? Cuando el playero lo nota, se acerca al vehículo y rápidamente le introduce la pistola de carga en la boca del tanque.... Ya había cargado 20 litros cuando el forastero se dio cuenta que le estaba metiendo nafta Super en lugar de Diesel!
Un poco de desprecio y un poco de cosecharás tu siembra, jaja!
Me gustó ese final felíz

Saludos


¡Muy buena la anécdota!

La verdad es que existe gente así, y no son pocos. Por estos pagos, con el tema del turismo, se lo ve mucho (y es algo que les choca a los lugareños), especialmente en los que vienen con vehículos de alta gama.
En los caminos de ripio, casi nadie baja la velocidad al sobrepasar o cruzarse con una moto o bicicleta, con lo cual no sólo llena de polvo al lugareño, sino que también puede levantar una piedra y golpearlo. Curiosamente, bajan la velocidad si se cruzan con otro vehículo...
Hace un par de años, durante el invierno, en Chaupi Rodeo (camino a Iruya) se había roto uno de los caños que llevan agua al "pueblo" y salpicaba con bastante fuerza, regando involuntariamente una supercifie bastante grande. Con el frío, el agua se congelaba formando extrañas "esculturas" de hielo. A pesar de que ese sector estaba cercado con pircas y alambrad(demostrando que es propiedad privada), no faltaban turistas que cruzaban el alambrado para sacarse una foto junto al hielo. ¿Qué diría un porteño si un jujeño se mete en el jardín de su casa a sacarse una foto con sus rosales...?
Lo peor del caso es que la mayoría de las veces este choque con el lugareño no es por soberbia. Una anécdota (creo que ya la conté, pero se las dejo a los nuevos del foro):
Hace unos años, me tocó llevar pasajeros a Cachi. Los dejo en su hotel y voy a buscar mi alojamiento. Era la primera vez que iba y no tenía idea de donde estaba, para colmo en el pueblo no andaba nadie, así que estaba más desorientado que Adan en el día de la madre. Finalmente, veo un hombre que viene caminando: paro la camioneta, me bajo, lo saludo y le pregunto. Muy amablemente me informa y a continuación se produce el siguiente diálogo:
- ¿Usted es del campo, no? - me pregunta
- Mas o menos: vivo en Tilcara, en Jujuy...
- Si, conozco: es como Cachi, chiquito, es como si fuesemos del campo. Y se lo digo porque usted me vió, paró la camioneta, se bajó, saludó y después preguntó. La gente de la ciudad para el auto en el medio de la calle, baja la ventanilla y pregunta a los gritos. Uno se tiene que acercar a contestarles y después salen picando con el auto, te tenés que correr para que no te pisen las patas y ni gracias te dicen.
Si, personajes así existen...

PD: me diste la idea de escribir acerca de las formas en que el turista (muchas veces sin quererlo) choca con el lugareño :)
Ahora me voy a sembrar remolachas, aprovechando que anoche llovió y la tierra está bien regadita.

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Mensaje sin leer Publicado: 29 Dic 2016, 13:38 
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Gracias por compartirlo amigo Jujeño, y tomarte todo ese tiempo para redactarlo. Gracias

Gabriel

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V.Luzuriaga

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